Anita Alfaro

Owner of Anna's Bridal Boutique

Before moving to Napa in 1970, Anita Alfaro grew up in San Antonio, a small rural town in Michoacán, Mexico. To make ends meet, her mother sold chicken eggs so she could buy a pig, then sold the pig so she could buy a sewing machine, in the meantime having learned how to sew by watching other seamstresses in the village. Soon enough, her mother became the best tailor in town. “She would turn simple pieces of fabric into beautiful masterpieces,” Alfaro recalls, “for me this was just like magic.” All the while, her father worked as a bracero on the railroads in the United States, trying to send home all the money he could.

Alfaro’s father was rewarded for his labor and granted U.S. citizenship, allowing Alfaro and her family to come here to live with him. She feels incredibly blessed to have had the opportunity to immigrate legally, have her family reunited, and be able to start her own bridal shop. While Alfaro was in high school, her mother suffered an injury from a car accident, and she had to drop out of school and work in the fields to help make ends meet. She soon found a job working as a seamstress, where she developed the skills she needed to later open her business. Eventually, she got married and was able to continue her education. Having dealt with hardships in this area, she made sure her children got the opportunity to continue with their education and grow into successful adults.

With the support of her husband Guillermo, and the in-store assistance of her daughter Olga, Alfaro opened Anna’s Bridal Boutique in 1999. The boutique provides “anything you need for your future event under one roof.” The business has conquered all sorts of challenges from ethnic discrimination to economic downturn. During hard times “you just have to remind yourself that you’re doing this because you love to do it.” Alfaro is proud to share that she has won awards for her outstanding services for the past five years.

“I remember the first dress I sold,” she tells. “The store was very small and I could count the number of dresses in the store holding up the fingers on my hand. After the woman paid me for the dress, she insisted I keep it in stock until her event, so that I could show it as a sample and possibly sell more. That day I cried for the blessing that I was given.”

In terms of advice to future generations, Alfaro urges young people to never stop learning. “As immigrants, we come here with big dreams, with the fire to succeed in life knowing we must luchar (fight) to reach those dreams every single day. And although there will always be obstacles, our perseverance is stronger. Never give up.”

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Antes de mudarse a Napa en 1970, Anita Alfaro creció en San Antonio, un pequeño pueblo rural en Michoacán, México. Para sobrevivir, su madre vendía huevos de gallina y así pudo comprar un cerdo, luego vendió el cerdo para poder comprar una máquina de coser, y entretanto había aprendido a coser viendo a otras costureras en el pueblo. Pronto, su madre se convirtió en la mejor sastre del pueblo. “Ella convertía simples trozos de tela en hermosas obras de arte,” recuerda Alfaro, “para mí esto era como magia.” Mientras tanto, su padre trabajaba como bracero en los ferrocarriles en los Estados Unidos, intentando enviar a casa todo el dinero que podía.

El padre de Alfaro fue premiado por su labor y se le concedió la ciudadanía de los Estados Unidos, lo que permitió que Alfaro y su familia vinieran a vivir aquí con él. Ella se sintió increíblemente afortunada de tener la oportunidad de inmigrar legalmente, tener a su familia junta, y poder empezar su propia tienda de vestidos para novia. Mientras Alfaro estaba en la escuela secundaria, su madre sufrió una lesión por culpa de un accidente de coche, y ella tuvo que dejar la escuela y trabajar en los campos para sobrevivir. Pronto encontró un trabajo como costurera, donde desarrolló las habilidades que necesitaba para abrir más tarde su propio negocio. Finalmente, se casó y pudo continuar su educación. Habiendo tratado con dificultades en esta área, se aseguró de que sus hijos tuvieran la oportunidad de continuar su educación para crecer y convertirse en adultos exitosos.

Con el apoyo de su marido Guillermo, y la ayuda en la tienda de su hija Olga, Alfaro abrió Anna’s Bridal Boutique en 1999. La boutique provee “cualquier cosa que se necesite para su futuro evento bajo el mismo techo.” El negocio ha conquistado todo tipo de desafíos, desde la discriminación ética a la recesión económica. Durante los tiempos difíciles “tienen que recordarse a sí mismos que están haciendo esto porque lo aman.” Alfaro ha ganado premios por sus servicios excepcionales durante los últimos cinco años.

“Recuerdo el primer vestido que vendí,” cuenta. “La tienda era muy pequeña y podía contar el número de vestidos que tenía en la tienda con los dedos de una mano. Después de que la mujer me pagara por el vestido, insistió en que lo guardara hasta su evento, y así podía exponerlo como una muestra y posiblemente vender más. Aquel día lloré por la bendición que se me había dado.”

En términos de asesoramiento para futuras generaciones, Alfaro insta a la gente joven a nunca dejar de aprender. “Como inmigrantes, venimos aquí con grandes sueños, con el ardor de tener éxito en la vida sabiendo que debemos luchar para alcanzar esos sueños todos y cada uno de los días. Y aunque siempre habrá obstáculos, nuestra perseverancia es más fuerte. Nunca se rindan.”

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Anita Alfaro and Family

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Portrait by Adriana Arriaga | Creator: Adriana Arriaga View File Details Page

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Maija Starr, “Anita Alfaro ,” Explore Napa, accessed June 28, 2017, http://explorenapa.org/items/show/34.

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